Mario Delgado reflexiona
Sabedor de que su decisión de extender a tres meses el período vacacional de verano fue, por decirlo suavemente, polémica, Mario Delgado reflexiona en la soledad de su oficina. Cuánto hay de malagradecido en el ser humano, yo solamente quería ayudar a todos a disfrutar y me llueve una madriza de tamaño descomunal.
Uno pensaba que los niños estarían felices, y pues no; que los papás estarían contentos de tener a sus retoños unos días y parece que les hubiéramos aplicado tortura soviética; los maestros que son famosos por su pasión por el descanso también se quejaron quién sabe por qué. Hasta la presidenta me tundió en la mañanera, fue la primera en desconocer la decisión. Ya de ahí para abajo todos me echaron montón.
El secretario de Educación mexicano ve por la ventana los edificios del centro capitalino y piensa en lo grande que es México y en sus pueblos originarios. Creo que ellos ni iban a la escuela y según dicen Sheinbaum y López Obrador eran muy felices y avanzados. No creo que el Calpulli sea más exigente que cualquiera de nuestros institutos de enseñanza. De entrada, no hablaban ni leían español, aunque eso no lo puedo decir porque soy el secretario y me fusilan.
La verdad que tampoco se trata de matar a los niños en la escuela. Los papás son muy desobligados, me cae. Ven a la escuela como una guardería, un lugar donde aventar a los chamacos y olvidarse de ellos. Les vale madre a la mayoría, la verdad, aunque tampoco puedo decir eso como secretario. Pero es correcto, los papás no suelen involucrarse y prefieren dejar la responsabilidad a los maestros. Y los maestros pues qué decir…están lejos de ser el personaje idílico que fantaseamos en las películas. Aquí les encanta el mitote y la hueva, y eso que ya desde el sexenio pasado prácticamente nada más se les exige que se presenten a trabajar y ahora ni eso les parece. Digo, entregan reportes y calificaciones finales, pero ni modo que no hagan eso, no se les puede quitar, digo, es parte fundamental de ser maestro dar las boletas. Ahí ni un paso atrás.
Don Mario se llama a la calma y la prudencia. Al final la decisión fue consensuada con todos los demás estados, pero nada más él dio la cara y acabó crucificado. No se vale, piensa el presidente egresado del ITAM. Tiene que haber un culpable, se dice. Es entonces que aparece la figura que deseaba: el empresariado. La culpa es de los malditos empresarios. Tenía razón Andrés Manuel: son unos perros del mal. En todo se meten, en todo quieren sacar dinero, todo es avaricia, materialismo, no tienen llenadera. En el fondo el problema son esos capitalistas salvajes.
Si las empresas respetaran a sus trabajadores, les pondrían guarderías mínimas. Pero si tuvieran sentido social les pondrían escuela ahí mismo en el trabajo para que llevaran a sus hijos y todos estuvieran cerca y conviviendo fomentando así el sentido de comunidad. Qué bonito sería pero la codicia y al ambición les impide ser un poco solidarios con sus empleados y claro: aquí está su idiota que paga los platos rotos de los capitalistas y todo porque querer darles vacaciones. Ahora resulta que si están tres semanas más en la escuela van a subir el nivel educativo. Que no chinguen si esto no es Dinamarca. Claro, tampoco puedo decir eso, soy secretario de Educación…
POR JUAN IGNACIO ZAVALA
@juanizavala
ZEE



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